Apolo 8: ¡Sí existe Santa Claus!

Control de Misión seguía esperando. ¿La inserción lunar habría sido exitosa? ¿La Luna ya conocería lo que es tener su propio satélite? ¿Se habrán estrellado los astronautas? ¿Habrán salido disparados con dirección a Neptuno? ¿ Existe Santa Claus? Y entonces, justo en el momento preciso, se recibió una señal proveniente de la nave, indicando que el Apolo 8 mantenía una órbita de 311 por 112 kilómetros sobre la Luna.


Después de que se reportara el estado general de la nave y que Control de Misión reportara que sus datos concordaban con los de Houston, Lovell fue el encargado de describir en detalle la superficie de la Luna:

“La Luna es esencialmente gris, no hay color, es como estuco o arena gris de alguna playa. Podemos ver grandes detalles. El Mar de la Fertilidad no se distingue tan bien como se ve desde la Tierra. No hay mucho contraste entre el mar y los cráteres que lo rodean. Todos los cráteres están redondeados. Hay bastantitos, algunos de ellos se ven más nuevos. Muchos se ven como si –en especial los redondos– como si los hubieran golpeado meteoritos o proyectiles de alguna clase. Langrenus es un gran grater, tiene un cono central en medio. Las paredes del cráter tienen terrazas, unas seis o siete terrazas al descender…”

The Moon is essentially grey, no color; looks like plaster of Paris or sort of a grayish beach sand. We can see quite a bit of detail. The Sea of Fertility doesn’t stand out as well here as it does back on Earth. There’s not as much contrast between that and the surrounding craters. The craters are all rounded off. There’s quite a few of them, some of them are newer. Many of them look like –especially the round ones– look like hit by meteorites or projectiles of some sort. Langrenus is quite a huge crater; it’s got a central cone to it. The walls of the crater are terraced, about six or seven different terraces on the way down.

Lovell continúa describiendo el terreno mientras lo sobrevolaban. Una de las tareas fundamentales de la tripulación era hacer un reconocimiento general de los posibles sitios en los cuales se podría posar una futura misión Apolo, especialmente una en el Mar de la Tranquilidad que se veí­a especialmente prometedora, y donde se planeaba que el Apolo 11 aterrizara. De hecho, el Apolo 8 habí­a salido en una fecha en que las condiciones de iluminación eran especialmente favorables, y la nave llevaba una cámara fotográfica montada que tomaba una fotografí­a por segundo de la superficie de la Luna. Bill Anders se la pasarí­a 20 horas tomando el mayor número de fotografías de los posibles sitios de aterrizaje de la Luna allá abajo. Para el fin de la misión la tripulación habí­a tomado 700 fotografí­as de la Luna y 150 de la Tierra, sin contar las de la cámara automática. Las imágenes son impactantes: cráteres y cráteres producto de impactos de meteoritos sobre la Luna. Por ejemplo, tenemos la siguiente fotografía de Goclenius:

Algunos conspiranóicos insisten en que Goclenius era una base extraterrestre por el simple hecho de que tiene rayas. Allá ellos...

Algunos conspiranóicos insisten en que Goclenius era una base extraterrestre por el simple hecho de que tiene rayas. Allá ellos...

El Apolo 8 estaba en contacto con la Tierra durante una hora y luego se perdía la señal, porque la Luna la bloqueaba. Borman constantemente pedí­a datos del SPS: su mayor preocupación era saber si el motor seguía operativo, para poder usarlo en caso de un retorno temprano a la Tierra. De hecho, insistí­a en que Control de Misión le diera una respuesta de “Va / No Va” antes de que perdieran comunicación en cada órbita.

Apenas habí­an terminado la primer órbita sobre la Luna y comenzaban a tener comunicación con la Tierra de nueva cuenta cuando la tripulación se preparó para su segunda transmisión en vivo desde la Luna. Esta vez, lo que se veía en las pantallas de televisión de medio mundo no era la Tierra sino la Luna. La Luna con mayor detalle que jamás antes se hubiera visto. Anders describía los cráteres en cuanto pasaban por sobre uno de ellos, y se despidieron de la Tierrra hasta Navidad. Inmediatamente al terminar la segunda órbita, el Apolo 8 utilizó una vez más el motor de SPS, esta vez por 11 segundos, para estabilizar su órbita elí­ptica en una casi circular de 112.6 km por 114.8 km sobre la Luna.

En las siguientes dos órbitas la tripulación siguió verificando la nave y fotografiando la Luna. En el tercer pase, Borman leyó una pequeña oración para su iglesia, ya que él habí­a estado programado para leerla en el servicio de medianoche de la Iglesia Episcopal de Saint Christopher, en Seabrook, Texas. Pero como se le atravesó el viaje a la Luna y no pudo asistir, un ingeniero de Control de Misión, Rod Rose, le sugirió a Borman que grabara la oración y que Rose se encargarí­a de llevarla a la iglesia para que la reprodujeran durante el servicio religioso.

Poco después de comenzada la cuarta órbita, la tripulación presenció algo nunca visto antes: un Amanecer de Tierra. ¿Por qué no se habían dado cuenta en los dos pases previos? ¡Porque no estaban mirando en la dirección adecuada! Anders miraba casualmente por la ventanilla de la nave cuando notó que salí­a una bola azul con blanco del horizonte lunar. Inmediatamente la tripulación se dió cuenta de que era la Tierra y se apresuró para tomar una foto histórica. Anders tomó la primer fotografí­a a blanco y negro y después tomó la primer fotografí­a a color, una de las imágenes más famosas en el mundo actual. Después de la misión, Borman y Anders decían que cada uno de ellos había tomado la primera foto. Lovell dijo que en realidad la foto se la debí­an a él, porque era quien estaba a cargo de la nave en ese momento. Se terminó determinando que fue Anders el que tomó la primera foto con Borman en un honroso y cercano segundo lugar. Pero vean qué foto, damas y caballeros, qué foto:

Anders continuó tomando fotografí­as mientras Lovell se quedaba a cargo de la nave y Borman se tomaba un merecido descanso. Como siempre, dormir era difí­cil, pero Borman alcanzó a dormitar por un par de órbitas. Se despertaba cada tanto preguntando cómo iba todo, y le decí­an que todo iba muy bien.

Pero Borman finalmente despertó cuando notó que sus compañeros cometían más errores que de costumbre, y lo que menos quería Borman es que las cosas empezaran a malir sal –digo– salir mal. Lovell y Anders tení­an dificultades para entender preguntas y ya no respondí­an bien, o peor aún, debían repetirles las respuestas. Borman se dió cuenta de que todos estaban muy cansados por no haber podido dormir bien en tres días, así que le ordenó a Lovell y a Anders que descansaran un poco, y de paso mandó al cuerno las instrucciones del plan de vuelo sobre las fotografías de la superficie lunar. Anders y Lovell discutieron con Borman, Anders sobre todo diciendo que estaba muy bien y que no le pasaba nada, pero Borman no se conmovió. Anders finalmente aceptó que Borman pusiera la cámara automática para seguir fotografiando la Luna. Borman también le recordó a los dos que habí­a una tercera transmisión de televisión planeada, y que lo menos que esperaban de la tripulación es que estuviera alerta y consciente de lo que hací­an. Anders y Lovell se echaron una siesta de un par de órbitas mientras Borman permanecía a cargo del Apolo 8.

Ya iban por la órbita número nueve cuando la Transmisión de Navidad comenzó. Borman introdujo a la tripulación, y luego cada astronauta dijo sus impresiones sobre la superficie lunar y lo que se sentía estar en órbita sobre la Luna. Borman lo describió como “un vasto, solitario, amenazante tipo de existencia o una extensión de nada” (“a vast, lonely, forbidding type of existence or expanse of nothing”). Y un rato después de describir dónde estaban Anders dijo que la tripulación tenía un mensaje para todos en la Tierra. Cada astronauta leyó una sección del Génesis 1:1:10, uno de los dos mitos de la creación según la Biblia. Borman cerró la transmisión con un “Y de parte de la tripulación del Apolo 8, cerramos con un Buenas Noches, Buena Suerte, Feliz Navidad, y que Dios los bendiga a todos, a todos en la buena Tierra” (“And from the crew of Apollo 8, we close with, Good night, Good luck, a Merry Christmas, and God bless all of you, all of you on the good Earth“).

Este mensaje ocasionó un ligero revuelo acá abajo. Madalyn Murray O’Hair, una activista que abogaba por el ateí­smo en todos los aspectos del Gobierno (una efectiva separación entre la Iglesia y el Estado), demandó a la NASA sobre la lectura del Génesis. Ella esperaba que las Cortes ordenaran a todos los astronautas norteamericanos, en su posición como empleados del Gobierno, que se abstuvieran de rezar en público en el Espacio, como parte del respeto a la libertad de cultos: esto podrí­a enojar a otros sectores de la población que no compartían las mismas creencias. Aunque las cortes rechazaron el caso, esto causó que la NASA fuera más cautelosa en el futuro sobre cuestiones religiosas durante el resto del programa Apolo; por esta causa el hecho de que Buzz Aldrin hubiera tomado la Comunión en la Luna fue mantenido en secreto por muchos años. (Más información al respecto cuando lleguemos pisar la luna)

La tripulación había terminado con sus tareas allá arriba y lo único que faltaba por hacer era la Inyección Trans-Terrestre, que ocurrirí­a unas dos horas y media después de que la transmisión de televisión de Navidad terminara. Esta era la fase más crí­tica de todo el viaje: si el SPS no se encendía, allá arriba se quedarían volando para siempre; si se pasaban de la cuenta, perderían la tierra; si no lo hací­an a tiempo, perderían la Tierra, Y por si fuera poco, de nueva cuenta la inyección debí­a hacerse cuando estaban en el Lado Oculto, sin contacto con la Tierra. Los segundos seguí­an siendo eternos cuando los astronautas encendieron el motor.

A las 89 horas, 28 minutos y 39 segundos de iniciada la misión, en el segundo exacto en que estaba predicho, la telemetrí­a de la nave fue captada de nueva cuenta en Houston. Unos instantes después, en cuanto se recuperó el canal de voz, Lovell le dijo a Houston: “Les informo: sí­ existe Santa Clós” (“Please be informed, There is a Santa Claus“), a lo que Ken Mattingly respondió “Afirmativo, ustedes son quienes mejor lo saben” (“That’s affirmative, you are the best ones to know“). Era 25 de diciembre de 1968.
Ahora todo era cuestión de coser y cantar, ¿verdad? ¡No! En nuestro próximo episodio:

Borman, Anders y Lovell se preparan para la Inyección Orbital Terrestre, la fase más peligrosa de toda la misión. Si se inyectan en un ángulo demasiado obtuso, rebotarán en la atmósfera y nunca más los volveremos a ver; si se inyectan en un ángulo demasiado agudo, caerán a Tierra convertidos en una masa amorfa y humeante. Y si se inyectan antes de tiempo, caerán en algún lugar no previsto y nadie podrá rescatarlos nunca más…

¿Qué les depara el destino a nuestros héroes? ¿Habrá resistido el escudo térmico los rigores del Modo de Rosticerí­a? ¿Borman utilizará la adecuada propulsión a chorro? ¿Si te toman una fotografí­a te roban el alma? ¡No se pierdan nuestro siguiente episodio, a la misma batihora y por el mismo baticanal!

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