Apolo 7: Sólo para adultos.
El programa espacial Apolo aún no estaba listo para enviar su primer tripulación a la Luna, pero sí lo estaba para lanzar a la primer tripulación de tres personas al espacio. Mas había que pulir muchos detalles antes.
El trabajo de las misiones previas había dado fruto, pero aún no era tiempo de cosechar. Primero había que probar qué tal funcionaba el rediseñado módulo de comando y servicio, y para ello la NASA escogió a tres astronautas, Walter M. Schirra, Donn F. Eisele y R. Walter Cunningham.
Schirra fue el primer y único astronauta en volar en misiones Mercurio, Géminis y Apolo. Debido a que el módulo lunar no estaba disponible a tiempo, se pudo lanzar esta misión con un cohete Saturno IB, considerablemente más pequeño y económico que el Saturno V. Schirra quería llamar al módulo de comando como Fénix, a manera de homenaje para los astronautas del Apolo Saturno 204. La NASA se negó en redondo. La decisión de nombrar a Cunningham piloto del módulo lunar sin que hubiera módulo lunar provocó una controversia y varias carcajadas en la NASA, pero nada serio. El objetivo de la misión de once días era probar todos los sistemas del módulo de comando y del módulo de servicio en condiciones operativas, cerca de la Tierra, para poder recuperar a los astronautas con rapidez en una emergencia.
El 11 de octubre prometía un inicio sin dificultades, porque la única pausa en la cuenta regresiva fue un tiempo adicional para enfriar el sistema de hidrógeno en la tercera etapa del Saturno V. A las 11:03 a.m. hora local el Saturno IB 205 arrancó, llevando el CSM-101, el primer CSM del Bloque II. Apenas salir de la altura de la torre de lanzamiento el control pasó de Florida a Houston, donde tres equipos diferentes de control de misión, liderados por Glynn Lunney, Eugene Kranz, y Gerald D. Griffin, tomarían el control de la misión. Schirra, Eisele y Cunningham notaron que el vehículo tenía tendencia a oscilar y pudieron escuchar con claridad el sonido de combustible y comburente siendo bombeados a la cámara de combustión de los motores. Apenas 10 minutos y medio después de partir, el Apolo 7 había alcanzado la primera etapa de su viaje, una órbita de 227 por 285 kilómetros de altura, ligeramente fuera de lo planeado pero nada que impidiera desarrollar la misión, si acaso, con modificaciones menores. Las comunicaciones tenían ciertos problemas. Por ejemplo, Cunningham trató de comunicarse con el capcom:
00:01:58:10 LMP Jack, let’s get the [...] temperatures [...] much better aroung 70 ever since lift-off. I’vew never seen [...] on what kind of [...] expect them to do that [...] couple of hours you’ll get by [...] that’s all.
00:01:58:32 CC Okay, Apollo 7, Houston. I couldn’t copy that, Walt; you’re down very low.
A pesar de los problemas con las comunicaciones y las constantes repeticiones, la misión transcurría sin grandes incidentes. Los astronautas se dispusieron a verificar el estado de la nave. Unas horas después la nave se separó del S-IVB para comenzar el ejercicio de simulación de acoplamiento con el módulo lunar. Cunningham transmitió a Tierra que uno de los páneles del S-IVB no se había separado; éste pudiera haber sido un problema si en realidad tuvieran un módulo lunar al que acoplarse, pero dado que no necesitaban acoplarse de verdad, era una simple molestia menor. Se tomó la desición de que las futuras misiones llevarían explosivos para lanzar los paneles fuera del módulo. Salvo este problema, el motor del módulo de mando funcionó a la perfección, lo que fue recibido con agrado: ésta era la única parte del módulo que no tenía un respaldo: o funcionaba a la perfección o se quedaban varados en el espacio. El Apolo 7 hizo funcionar su motor un total de 8 veces, todos perfectos. El primero fue una aventura por sí mismo: era la primera vez que había tripulantes a bordo para saber qué se sentía al encender el motor. De hecho, Wally Schirra gritó “Yabadabadoo” cual Pedro Picapiedra de la era espacial. Según Eisele, “No sabíamos qué esperar pero recibimos más de lo que esperábamos.” Su descripción, de que era como una patada en el culo que los aplastó en sus asientos, es mucho más gráfica y útil que las palabras científicas. Pero el motor hizo su trabajo a la perfección.
Todos los sistemas en el Apolo 7, de hecho, funcionaban dentro de sus valores nominales. La mayor parte de los componentes soportaron bien las condiciones de operación durante la misión. Ocasionalmente alguna celda de combustible se calentaba más de lo que debería, pero nada que arriesgara la misión o produjera un corto circuito. La tripulación sí se quejaba sobre los ventiladores, que eran muy ruidosos, y de hecho apagaron uno, que no ayudó gran cosa, y apagaron el otro, lo que, al nulificar gran parte del flujo de aire en la cabina, ocasionó que se formaran acumulaciones de humedad en las líneas de refrigerante. La tripulación lo solucionó bajo el sencillo procedimiento de lanzarlas al espacio con ayuda de las mangueras recolectoras de orina.
La visibilidad por las ventanillas iban desde muy malas hasta muy buenas, aunque al principio dos ventanas tenían tizne u hollín, mientras que otras tenían condensación de agua en el interior. Cunningham diría un par de días después que el tizne ya se había limpiado, pero la humedad seguía en el interior de una ventanilla, y Schirra lo confirmaría en el séptimo día. Incluso con esos problemillas las ventanas hicieron buen trabajo; de hecho, las que se usaban para observaciones fueron las que en mejor estado se encontraban. Se descubrió también que cualquiera de las 37 estrellas selecionadas por la NASA para navegación por sextante se confundían con la constelación de Urión si se les ocurría vaciar el sistema de eliminación de desperdicios. El sistema de eliminación de desperdicios, de hecho, fue poco menos que inaceptable. Si bien para orinar no había mucho problema, para defecar los astronautas debían tomar una bolsa, bajarse el traje, pegarse la bolsa, sacar los malos pensamientos de su interior, quitarse la bolsa, cerrar la bolsa, subirse los panntalones y guardar la bolsa en un lugar donde no pudieran confundirse con barras energéeticas. El procedimiento total duraba unos 60 minutos, sin privacidad, y los astronautas trataban de hacer todo lo posible por no ejecutar el procedimiento mientras no fuera estrictamente necesario para evitar un mal mayor. Además las bolsas, aunque tratadas con antigérmenes y similares, dejaban escapar un olor poco agradable. De hecho, sólo hubo 12 defecaciones en un total de 11 días.
Sin embargo, los astronautas estaban en mejores condiciones que en misiones anteriores, porque había mucho más espacio. Schirra dijo que todos los problemas que se habían previsto con la tripulación moviéndose yde paso moviendo a la nave, resultaron infundados. La nave se comportó a la altura de las circunstancias y se podía ser un gimnasta a bordo, y divertirse moviéndose. Cunningham dijo que casi no había trabajo para impulsarse y mover cosas. La tripulación encontró que el ejercicio era necesario. Al principio los astronautas dormían en los asientos, de donde tendían a adoptar posición fetal en el ambiente de micrograbedad, y eso terminaba ocasionandoles dolores y calambres en la parte baja de la espalda y los músculos abdominales. Así que mas que correr, volaban (mal chiste, lo sé) a ejercitarse en un aparato llamado Exer-Genie, que entre otras cosas les permitía relajar los músculos.
Si bien la tripulación durmió lo suficientemente bien, también comenzó a irritarse por tener que hacer operaciones en horarios en los que las personas comunes y corrientes estaban descansando o trabajando. Los horarios para dormir eran arbitrarios, y empezaban tan temprano como a las 4 de la tarde (hora de Houston) o tan tarde como a las 4 de la mañana (de nuevo, hora de Houston). Deke Slayton sugirió que los tres astronautas durmieran al mismo tiempo, pero Schirra, consciente de que no se podía dejar sin control a la nave en una misión de prueba, por más bien que se portara, decidió no hacer cambbios en la misión. Eisele mantuvo la guardia mientras Schirra y Cunningham dormían. Aunque tenían bolsas de dormir, Cunningham prefería dormir atado al sillón, puesto que las bolsas eran incómodas, con los broches y cintas en lugares inapropiados. Para el tercer día en órbita, sin embargo, los astronautas ya tenían una rutina para poder dormir y trabajar sin complicaciones. También estaba el tema de la comida. Aunque había a bordo 60 variedades de alimentos para escoger durante la duración de la misión, la calidad era de mala a horrible. La comida tenía la costumbre de soltar migajas por todos lados y las migas flotaban por la cabina. Y odiaban las barras energéticas mientras añoraban un buen par de huevos fritos con tocino. Schirra, que había dicho durante la misión Gémini que la próxima vez que fuera al espacio llevaría café, llevó café, pero no mucho.
La incomodidad y los constantes cambios en la misión cobraron su cuota. Para cuando se trató de transmitir desde el espacio una señal de televisión en vivo, para enseñarle al mundo cómo vivían los astronautas a bordo del Apolo 7, Schirra estaba harto de los constantes cambios:
CM: You’ve added two burns to this flight schedule, and you’ve added a urine water dump; and we have a new vehicle up here, and I can tell you this point TV will be delayed without any further discussion until after the rendezvous.
CC: Roger. Copy.
CM: Roger.
CC: Apollo 7. This is CAP COM number 1.
CM: Roger.
CC: All we’ve agreed to do on this is flip it.
CM: [...] with two commanders, Apollo 7
CC: All we have agreed to on this particular pass is to flip the switch on. No other activity is associated with TV; I think we are still obligated to do that.
CM: We do not have the equipment out; we have not had an opportunity to follow setting; we have not eaten at this point. At this point, I have a cold. I refuse to foul up our time lines this way.CM: Agregaron dos encendidos al plan de vuelo, agregaron un vaciado de orina, y estamos en un vehículo nuevo, y puedo decirte que en este momento la televisión se retrasará sin más discusión hasta que hagamos el acoplamiento.
CC: Roger. Copio.
CM: Roger.
CC: Apolo 7, aquí CAP COM 1.
CM: Roger.
CC: Todo lo que hemos acordado con esto es encenderlo.
CM: [...] con dos comandantes, Apolo 7.
CC: Todo lo que hemos acordado en este pasa particular es encender el interruptor. No hay otra actividad relacionada con la tele; creo que debemos hacer eso.
CM: No tenemos el equipo desempacado, no hemos tenido oportunidad de ponerla a punto, no hemos comido aún. En este momento, tengo un resfriado. Me rehúso a destrozar nuestros horarios de esta manera.
Cuando los programas finalmente fueron transmitidos, el primero el 14 de octubre, la tripulación ya más relajada (y sin resfriado) se divirtió haciéndolos. De hecho, utilizaron algunas tarjetas de apunte (“Keep Those Cards and Letters Coming In, Folks” y “Hello from the Lovely Apollo Room High Atop Everything”). Los resfriados fueron la mayor fuente de inconformidad en la misión. Si un resfriado ya es bastante malo en tierra, en el espacio, con la mucosidad acumulándose en los pasajes nasales y sin poder escurrir fuera por acción gravitatoria, es insoportable. La única manera de expulsar la mucosidad es soplar con fuerza por la nariz… lo que ocasiona que la presión en los tímpanos aumente y sea doloroso. Lo único que tenían a bordo eran descongestionantes y aspirinas, y nada que los doctores pudieran hacer.
A pesar de los problemas, la misión fue un éxito rotundo. Se encendieron los motores 8 veces, se transmitió por primera vez en vivo, sin cortes ni censura desde una nave espacial norteamericana, se utilizó el motor SPS para salir de órbita tras 259 horas y 39 minutos de vuelo, se separaron los módulos de comando y servicio y la cápsula regresó a tierra de manera nominal, apenas a 13 kilómetros del lugar asignado, el 22 de octubre. El único problema durante el aterrizaje fue que acuatizaron en la posición estable 2 (de cabeza) aunque las bolsas de aire pronto acomodaron el módulo de comando en posición estable 1. Schirra, Eisele, y Cunningham estaban a bordo de la nave de rescate menos de una hora después.
¿Tuvo final feliz esta historia? Sí y no.
La misión fue un éxito total, rotundo y absoluto. La nave funcionaba en condiciones de operación, y así se abría la puerta para ir a la Luna . con ese equipo. Pero Schirra, Eisele y Cunningham no volverían a volar en una misión Apolo: la administración de la NASA no estaba conforme con su desempeño a bordo y su falta de profesionalismo, por lo que los relegó a segundo plano. Ni siquiera cuando las misiones subsecuentes le dieron la razón al comportamiento de la misión Apolo 7 los duros corazones administrativos se ablandaron. Pero ni a Schirra, ni a Eisele ni a Cunningham le importó. Ellos ya habían hecho historia.
En nuestro siguiente episodio: Ante los constantes retrasos en la entrega del módulo lunar, la NASA se ve obligada a hacer cambios en el programa Apolo. La misión lunar se adelanta y se envía a tres personas a la Luna para probar si el módulo de comando es capaz de hacer su trabajo. Si algo sale mal, no habrá forma de ayudar a los astronautas. Y no hay esperanza de bajar a la Luna, ni siquiera para que se envíe una nave con suministros si los astronautas quedan varados en el satélite terrestre. ¿Qué pasará con el Apolo 8?


