Apolo 5: ¡Fuego en el hoyo!

Era tiempo de probar en condiciones de operación el Módulo Lunar. Aún era muy peligroso probar el sistema con humanos adentro, dura lección aprendida con el Apolo 1. Y había también problemas no relacionados con la misión que podían ponerla en peligro.

Era necesario, además, probar el desempeño de los motores del Módulo de Excursión Lunar en condiciones no operacionales: el  motor de ascenso del módulo lunar debería encenderse estando aún unida a la etapa de descenso, simulando las condiciones de un aterrizaje abortado en la superficie lunar. Perdonarán ustedes que no emplee el vocablo alunizaje, pero si empezamos así terminaremos utilizando millones de palabras diferentes para cada planeta existente (amercurizaje, avenusaje, aterrizaje, amartizaje, alunizaje, etcéteraje…) y no hay motivo para complicarnos así de feo. Ya bastantes complicaciones tuvo ensamblar la computadora utilizada en la misión.

Tablero de una computadora Z80 alambrado con la técnica de embobinado

Tablero de una computadora Z80 alambrado con la técnica de embobinado

La misión tuvo problemas desde antes de despegar. Había que probar el módulo lunar, en el cual se había colocado la computadora más pequeña hasta entonces construída. Los científicos del Instituto Tecnológico de Massachussetts se las habían ingeniado para comprimir una computadora del tamaño de una habitación en una computadora del tamaño de una caja de archivo muerto. Esto no pudiera haberse logrado nunca de no ser por la invención de los circuitos integrados. Las primeras computadoras, las utilizadas en los Bloques I, contaban con 4100 circuitos integrados, cada circuito con una única compuerta lógica NOR de tres entradas. Las del Bloque II, la segunda generación, redujo sustancialmente su tamaño al utilizar compuertas enpaquetadas, ya que en un sólo circuito integrado había dos compuertas lógicas NOR de tres entradas, y el ahorro de espacio y energía permitió integrar 5600 compuertas en aproximadamente 2800 circuitos. La memoria de la computadora estaba basada en núcleos de ferrita, y era de apenas cuatro mil palabras, cada palabra de 16 bits, con 15 bits de datos y 1 de paridad, para la memoria reescribible, y de treinta y dos mil palabras de 16 bits, 14 de datos, uno de signo y uno de sobreflujo, para la memoria de sólo lectura. Fairchild Semiconductors fabricaba los chips, que utilizaban una lógica sencilla de resistor a transistor (RTL), evitando así problemas con sistemas anteriores, que usaban indistintamente lógica de diodo a transistor y lógica de diodos, fabricados por Texas Instruments. La tarjeta madre estaba fabricada utilizando una técnica llamada “wire wrap,” en la cual los circuitos se colocan en su posición por medio de sockets o bases, que a su vez tienen postes cuadrados, y un alambre se embobina alrededor de los postes. El resultado, si se hace bien, ocasiona que los alambres muerdan los postes con varios cientos de kilos de presión por centímetro cuadrado, lo que proporciona una conexión en la cual los gases la tienen muy difícil para penetrar y oxidar la conexión. Usualmente el sistema, que es muy tardado y complicado de realizar, se utiliza para prototipos, pues no es necesario fabricar una tarjeta con el circuito completo, basta con llevar los extremos del alambre a donde se necesita. Las reparaciones, sin embargo, proporcionan verdaderos dolores de cabeza. En el caso de los Bloques I y II, para evitar problemas la tarjeta madre fue encapsulada en resina epóxica, con el objeto de aislarla completamente.

Dejando aparte los problemas de la computadora, la misión también tenía problemas con el módulo lunar en sí mismo.  Podemos atribuir el problema a que nadie antes había fabricado un módulo lunar. Mas el programa se encontraba muy retrasado. Se suponía que la misión debía partir en abril de 1967, y el módulo se esperaba para septiembre de 1966. Pero los motores de la etapa de ascenso tenían problemas en las soldaduras, los de descenso no funcionaban adecuadamente, y no se podían fabricar las piezas adecuadas con el grado de precisión y calidad que se necesitaban. De hecho, el módulo fue embarcado sin patas, porque éstas no pudieron ser fabricadas a tiempo. A pesar de ello, el módulo lunar llegó hasta junio de 1967 cuando llegó el módulo lunar, y aún así tuvo que pasar cuatro meses en pruebas, reparaciones y adecuaciones antes de acoplarse al Saturno IB, en noviembre de 1967. Y las cosas no pararon ahí. En diciembre de 1967, uno de los módulos que se fabricaban en Grummann falló de fea manera. Uno de los cristales del módulo lunar número 5, que estaba programado para volar en la misión 11, se estrelló durante las pruebas de presurización. Se suponía que el sistema estaba diseñado para resistir 39 kilopascales, pero se estrelló a 35 kilopascales. Para no retrasar aún más la misión, se tomó la decisión de reemplazar las ventanas en el módulo lunar 1 por paneles de aluminio. Total, nadie iba a bordo para ver el paisaje. Para facilitar todavía más las cosas, la misión 5 se montó en el mismo Saturno IB de la misión AS-204, y se retiró el sistema de escape del cohete. De esta manera se ahorró peso y se pudo lanzar antes la misión.

Se programó el despegue para el 22 de enero del 1968. Y el 19 de enero Jack Craven, el ingeniero de control de vuelo  para el módulo lunar, sufrió un accidente. No había nadie que pudiera reemplazarlo, y Gene Cranz estuvo a punto de cancelar la misión, pero Dwight Coons, el cirujano de vuelo, se comprometió a ayudar a que Craven estuviera en condiciones de trabajar. Sin embargo, fue Robert Carlton quien tuvo que manejar la consola de Craven, pues éste apenas podía hablar y respirar le causaba dolor, no digamos ya moverse. Es difícil trabajar cuando el volante de tu Volkswagen Sedan se estrella contra tu pecho en un accidente.

Finalmente el Apollo 5 despegó, antes de que el sol se ocultara en medio de los crepúsculos arrebolados del Cabo Cañaveral. La primer etapa funcionó sin problemas, colocando la segunda etapa y el módulo lunar en una órbita de 163 por 222 kilómetros de altitud. Cuarenta y cinco minutos después se separó el módulo lunar, y tras dar un par de vueltas por el vecindario inició la siguiente parte de la operación. La acción estaba en Australia, donde Jim Fucci era el Capcom.

Signal strenght good. Mission sequence five cued. Clocks in sync. Computer is in control. Engine arm . . . plus X jets firing. Engine start. 10 percent . . .

Intensidad de señal buena. Marcada secuencia cinco de misión. Relojes en sincronía. Computadora en control. Motor activo… mas jets X disparando. Motor arranca. 10 por ciento…

En Control de Misión se empezaba a respirar  tranquilamente cuando Fucci gritó “SHUT DOWN!” (¡Paren todo!) y comenzó a enviar instrucciones para asegurar el módulo de comando. Habían pasado apenas 4 segundos.

En Houston se recibió la telemetría y el análisis arrojó dos mensajes: “DPS Delta V” y “Forget It!” ¿Qué significaban esos mensajes? ¿Logrará el Módulo Lunar cumplir su misión? ¿Se perderá la misión y habrá que volver al tablero de dibujo? ¡No se vayan, la conclusión viene después de este corte comercial!

Señora, ¿Se le caen constantemente? ¿Las quiere tener siempre lisas y templadas? ¡Sus medias siempre se verán perfectas si usa Ligueros Leonisa!

Regresamos a nuestro programa. Sólo había una persona en todo control de misión que sabía de lo que se trataban los mensajes: Craven. El lastimado hombre farfulló instrucciones a Carlton, que tradujo todo al inglés para beneficio del resto de la misión: La alarma indica que el empuje no se formó con suficiente rapidez. El tiempo programado de empuje es demasiado corto. Debemos cambiar el temporizador de la computadora.”

Y tenía sentido. El mensaje “Forget it!” (¡olvídalo!) indicaba simplemente que, cuando se ejecutó el comando, nada sucedió. Alguien en el MIT tenía sentido del humor.  Sin embargo, no había tiempo de corregir el problema, puesto que la estación rastreadora australiana estaba a punto de perder contacto.  Aunque tenían aún tres horas y media antes de que la misión se fuera al garete, o peor aún, al carajo, por lo que no todo estaba perdido.  Los problemas se acumularon. Las señales comenzaron a perder claridad, de manera que lo que antes funcionaba a la primera oportunidad, ahora debía ser retransmitida tres y hasta cuatro veces antes de que la computadora recibiera la instrucción correctamente.  Se decidió enviar las instrucciones al más puro estilo de quien no tiene otro recurso: encomendándose a la Virgen María. Gene Kranz  envió el conjunto completo de instrucciones en un solo paso, musitando un “Hail Mary” por lo bajo, aunque tenía aún un plan de respaldo, siguiendo las enseñanzas del Profeta Mahoma: “Confía en Dios, pero ata tu camello.” Se acababa el tiempo; y los problemas se acumulaban: si no se ejecutaban las instrucciones adecuadamente, al encender los motores el módulo lunar terminaría en medio del Atlántico. Así pues, cuando la nave estaba sobre California, se apagó la computadora de guía, se programó la computadora principal y se inició la secuencia. Esto encendió la etapa de descenso, la apagó, volvió a encenderla, la apagó, inició la prueba de fuego en el hoyo (“Fire in the hole!”), y a continuación el motor de ascenso fue encendido, con resultados positivos. Media órbita después, se encendió por última vez para la maniobra final de ascenso. Apenas cuatro órbitas se habían hecho y la misión había concluído. En total, se había destruído un tanque de control de combustible, había volado una boquilla de un motor de control de altitud, se habían descalibrado los giroscopios, y se gastó todo el combustible de ascenso. También se había cumplido con los objetivos de la misión y se había resuelto un problema inesperado en tiempo real. La telemetría se perdió cuando el módulo lunar estaba cayendo sobre Panamá; el módulo de ascenso cayó el 24 de enero y la etapa de descenso el 12 de febrero, al suroeste de Guam.

En nuestro próximo episodio: Es tiempo de que vuele el Saturno V. La NASA recibió con agrado las noticias publicadas por los diarios, “Misión Apolo Un Éxito, Programa Lunar Marcha Bien.” La Misión Apolo 6 está planeada para revisar problemas en la nave, pero aún no es lo bastante segura como para enviar a tres hombres en ella. Y además la misión pasará desapercibida por los medios de comunicación, porque hay noticias más importantes. ¿Qué pasará con el Apolo 6? ¿Podrá la NASA completar la misión a tiempo? ¿Quién sería el aguafiestas que le quitó a la NASA su merecido éxito? ¿Por qué si los caminos se cruzan no tienen caminitos? ¡No se pierdan el siguiente episodio de esta serie, a la misma batihora y por el mismo baticanal!

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