Recuerden, recuerden el cinco de Noviembre
De pólvora la conspiración.
No sé de motivo para que la traición
deba alguna vez olvidar.

La Conspiración de la Pólvora de 1605 fue un fallido intento de asesinato contra el rey Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia, perpetrado por católicos ingleses, el más conocido de los cuales es Guido Fawkes, el único hombre que ha entrado al Parlamento con buenas intenciones.

La Conspiración trataba de matar al rey, su familia  y la mayor parte de la arisocracia parlamentaria en un sólo ataque, volando el Parlamento durante la Apertura del Periodo Ordinario de Sesiones del Parlamento el 5 de Noviembre de 1605. Los conspiradores también planearon secuestrar a los hijos de a realeza, que no estarían presentes en el Parlamento, e incitar a una revuelta popular en las Tierras Medias inglesas.

La conspiración fue planeada en mayo de 1604 por Robert Catesby. Es muy probable que Catesby se desilusionara del Rey Jacobo cuando éste endureció las leyes contra los católicos. También es muy probable que Catesby buscara un futuro para Inglaterra en el cual la Princesa Isabel (entonces de 9 años) fuera la cabeza de Estado de un país católico. En un ejercicio especulativo “What If?” me lanzaré a explicar esto, pero no ahora: hoy toca la historia.

Además de Catesby y Fawkes, otros conspiradores fueron Thomas y Robert Winter (o Wintour), John y Christopher Wright, Robert Keyes, sir Thomas Percy (o Percye), lord John Grant, Ambrose Rokewood, Everard Digby, Frances Tresham y Thomas Bates, este último el sirviente de Catesby. Guido (o Guy) Fawkes era un experto en exlosivos con gran experiencia militar, presentado a Catesby por medio de Hugh Owen. Los detalles de la conspiración los conocía muy bien el padre jesuita Henry Garnet, jefe de esa orden en Inglaterra, y los conocía gracias a Oswald Tesimond, confesor de Catesby, que le dio permiso al cura de compartir los detalles de la conspiración. Es de hacer notar que los detalles fueron revelados como parte de una confesión,  por tanto, sujetos al secreto sacerdotal, y Garnet no podía compartirlos con nadie. A pesar de las objeciones, advertencias y similares por parte de Garnet, el complot siguió adelante.

Para mayo de 1604, Percy  arrendó acomodo junto a la cámara de los Lores del Parlamento. La idea era hacer un túnel hasta los cimientos de la Cámara de los Lores, llenar el túne con pólvora, acercar un cerillo a la mecha y salir corriendo como si se llegara tarde para cobrar un cheque en el banco. Guy Fawkes, bajo su identidad secreta como Juan Juánez (John Johnson, a decir verdad), fue puesto a cargo del edificio y pretendía ser el sirviente de Percy mientras que la casa de  Catesby en Lambeth era usada para almacenar la pólvora y los instrumentos de minería.

Sin embargo, se atravesó la Peste Negra en verano de 1604, y la plaga fue tan severa que la apertura del Parlamento se fijó para el año siguiente. Los conspiradores seguían cavando en diciembre de 1604, y en enero de 1605 se enteraron de que la apertura había sido pospuesta para octubre de ese mismo año. Los conspiradores comenzaron a acarrear la pólvora vía el Támesis, y se enteraron de pura casualidad que un mercader llamado Ellen Bright había dejado libre un sótano debajo de la Cámara de los Lores, y Percy inmediatamente se las arregló para arrendarle el local a John Whynniard. Fawkes colaboró en las labores para llenar el sótano con pólvora, y para marzo de 1605 ya habían ocultado por lo menos 20, posiblemente 36 barriles de pólvora negra debajo de un almacén de combustible para el invierno. De haberse encendido, la pólvora hubiera provocado un barullo considerable, probablemente reduciendo a cenizas el complejo del Viejo Palacio de Westminster, incluyendo la abadía, y rompiendo cristales a un kilómetro, probablemente incluso una milla de distancia. Los conspiradores dejaron Londres en mayo, y se separaron pues suponían que verlos juntos levantaría sospechas. Acordaron reunirse de nuevo en septiembre, pero la apertura del Parlamento fue pospuesta una vez más.

Guy Fawkes  fue dejado a cargo de ejecutar el plan, mientras los otros  conspiradores se fueron a Dunchurch, en Warwickshire, a esperar. Si el Parlamento hubiese sido destruído, entonces los otros conspiradores incitarían a una revuelta en las Tierras Medias. La parte más débil del plnera el levantamiento popular. Se requería dinero y armas, y fue por esa razón que se admitió a sir Francis Tresham, quien a la postre fue quien delaría el plan al haberle escrito a su cuñado Lord William Parker, barón de Monteagle. La prueba que existe es una carta que Lord Monteagle recibió el 26 de octubre en su casa de Hoxton:

My lord out of the love i bear to some of youre frends i have a care of your preseruasion therefore i would advise you as you tender your life to devise some excuse to shift of your attendance at this parliament for god and man hath concurred to punish the wickedness of this time and think not slightly of this advertisement but retire youre self into youre control where you may expect the event in saftey for though there be no appearance of any stir yet i say they shall receive a terrible blow this parliament and yet they shall not see who hurts them this councel is not to be condemned because it may do you good and can do you no harm for the danger is passed as soon as you have burnt the letter and i hope god will give you the grace to make good use of it to whose holy protection i commend you.

O en buen castellano:

Mi lord, del cariño que le tengo a algunos de sus amigos, quiero atender  su cuidado. Por esto le aviso, si usted ama su vida, que discurra alguna excusa para cambiar su asistencia al Parlamento, pues Dios y el hombre han coincidido en castigar la locura de nuestro tiempo. I no tome a la liger este anuncio y retírese used mismo a sus tierras, donde podrá esperar el evento en seguridad, porque no debe haber apariencia de conmoción alguna, y sin embargo he de decir que deberán recbir un terrible golpe, el Parlamento, y aún así no deben ver quién los golpea. Este consejo no debe ser condenado, porque puede hacerle bien y no debe hacerle mal, pues el peligro pasará tan pronto queme usted esta carta: y voto a Dios le conceda la gracia de hacer buen uso délla, que a su sagrada protección le encomiendo.

Monteagle hizo que la carta fuese leída en público, posiblemente para alertar a los conspiradores de que habían descubierto su secreto, y le entregó a cra a Robert Cecil, primer Duque de Salisbury, secretario de Estado. Los otros conspiradores se enteraron de eso al día siguiente, pero decidieron seguir adelante cuando Fawkes inspeccionó el sótano y encontró que todo estaba en orden.

El pitazo, sin embargo, condujo a una búsqueda exhaustiva en las bóvedas bajo la Cámara de los Lores, durante la noche del 4 de noviembre. A media noche, ya en el 5 de noviembre, el alguacil Thomas Knyvet (Justice of the Peace), y una partida de hombres descubrieron a Fawkes, haciéndose llamar Juan Juánez, no muy alejado de los barriles de pólvora, cuidando una pila de varitas para fuego, con un reloj, cerillos y papel de encendido entre sus posesiones. Fawkes fue arrestado, y en vez de alegar demencia o cualquier otra cosa, indicó que sus intenciones eran las de destruir al Rey y al Parlamento. Grupos anarquistas posteriores dirían que pr esa razón Guido Fawkes fue la única persona que entrase al Parlamento con inteniones honorables.

Hacia medio día Fawkes fue interrogado una vez más, esta vez sobre la naturaleza de sus cómplices, el envolvimiento de Thomas Percy, qué cartas había recibio de ultramar y si había hablado con Hugh Owen. Posteriormente fue llevado a la Torre de Londres e interrogado bajo tortura. Si bien la tortura estaba prohibida salvo expreso consentimiento del monarca, Jacobo I escribió que:

“The gentler tortours are to be first used unto him, et sic per gradus ad maiora tenditur, and so God speed your good work.”

Las torturas más gentiles serán usadas primero, y se extenderán hacia las mayores, y que Dios facilite vuestro trabajo.

Una chulada de monarca, vaya.

Apenas escuchar del fracaso del plan, los conspiradores huyeron hacia Huddington court, cerca de Worcester, casa de Thomas y Robert Wintour. Llovía a cántaros, empero, así que el viaje fue lento y Richard Walsh, el sheriff de Worcestershire, los atrapó en Stourbridge.

Los que quedaron libres trataron de incitar a la revuelta en las Tierras Medias. Esta revuelta fracasó y tuvo su fin en Holbeach House en Saffordshire, donde hubo un tiroteo que culminó con la muerte de Catesby y la captura de muchos de los principales conspiradores. Aprovechando, se capturó a muchos jesuitas, algunos siendo torturados, y posteriormente muertos por la misma tortura. Robert Wintour se las arregló para permanecer fugitivo durante dos meses antes de caer en Hagley Park.

Los conspiradres fueron juzgados el 27 de enero de 1606 en Westminster Hll. Todos los conspiradores se declararon inocentes excepto Sir Everard Digby, que pretendió defenderse argumentando que el Rey se había retractado en sus promesas de mayor tolerancia a los católicos. Sir Edward Coke, fiscal general, persiguió la causa en nombre de la Corona, y el Duque de Northampton pronunció un discurso refutando los cargos pronunciados por Sir Everard Digby. En ese entonces la justicia era no sólo expedita, sino muy rápida además: el juicio sólo duró un día y nde dudaba de cuál serí el veredicto. El juicio además sirvió como espectáculo público, y hay datos de que se cobraron hasta 10 chelines por entrar. Incluso se dice que los reyes acudieron en secreto. Cuatro de los conspiradores fueron ejecuados en el atrio de la iglesia de San Pablo el 20 de enero, y el 31, Fawkes, Keyes y Winter entre  otros fueron ejecutados en el Jardín del Viejo Palacio, en Westminster, en plena escena del crimen. Con la amabilidad que caracterizaba a los europeos de la época, los conspiradores fueron ahorcados, eviscerados, emasculados, y troceados, para posteriormente ser hervidos en salsa de menta y conservados en cerveza tibia, como escarmiento. Fawkes,  sin embargo, le aguó la fiesta sus torturadores. Cuando estaba a punto de ser colgado hasta casi morir, Fawkes saltó del cadalso y se rompió el cuello, lo que le ahorró la tortura final. Robert Keyes intentó hacer lo mismo pero su cuerda se rompió, por lo que procedieron a abrirlo en canal totalmente consciente. Henry Garney fue ejecutado el 3 de mayo de 1606 en la iglesia de San Pablo, bajo el horrible crimen de ser el confesor de varios de los miembros de la Conspiración de la Pólvora, a pesar de haberse opuesto a la misma, pues no había denunciado la conspiración, secreto de confesión o no. De poco importó que el pueblo dijera que la sentencia no estaba acorde al crimen y que además se había opuesto al plan: igual lo colgaron, evisceraron y trocearon para servirlo con salsa de menta y conservarlo en cerveza tibia.

El descubrimiento de la Conspiración de la Pólvora levantó una ola de alivio nacional por el haber salvado al Rey y su familia, además de que inspiró una ola de lealtad en el Parlamento. Jacobo I se dirigió a ambas cámaras el 9 de noviembre, y habló argo y tendido sobre las dos preocupaciones que se cernían sobre su real cabeza: el derecho divino de los reyes y el catolicismo. Insistió en que la conspiración hbía sido obra de unos pocos católicos, y no de todos como conjunto, y le recordó a la asamblea que debían regocijarse ante su supervivencia, pues los reyes fueron designados por la divinidad y el rey debía su escape a un milagro. Nada como la lógica inglesa, si bien debo mencionar que el rey reconoció que oprimir a parte de su pueblo podía resultar en otro levantamiento, y relajó en buena medida la aplicación de las leyes anticatólicas.

¿Qué hubiera pasado si Fawkes hubiera hecho kaboom con todo el Parlamento?

Eso, mis amigos, será tema para otro artículo.



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