Wally Schirra, Donn Eisele y Walter Cunningham, la tripulación de reemplazo para el Apolo 1, se elevó en la misión Apolo 7 y le permitió a la NASA retomar confianza. La misión se enfrentó con muy pocos problemas. El Sistema de Propulsión del Módulo de Servicio, el cohete que colocaría al Apolo en órbita lunar, y lo que es más importante, lo sacaría de ella, fue disparado ocho veces, prácticamente perfecto en cada ocasión. Aunque ninguno de ellos fue seleccionado para misiones posteriores, por problemas con Control de Misión, demostraron que la nave Apolo era un vehículo eficaz en el espacio.

Llegó entonces el Momento de la Verdad. Hasta ese momento, ninguna nave tripulada, ni americana ni rusa, había llegado más allá de una alta órbita terrestre. El 21 de Diciembre de 1968, Frank Borman, James Lovell y William Anders, los astronautas seleccionados para tripular el Apolo 8, se encargarían de poner su nombre muy en alto, de manera literal y figurada.

Ésta misión, sin lugar a dudas, fue la más importante de todo el programa espacial Apolo, aunque no la más famosa.

Lanzamiento del Apolo 8, en formato ogg

El Apolo 8 fue lanzado a las 7:51 AM. La primera fase del despegue transcurrió con un mínimo de problemas: la primera etapa del cohete Saturno V tuvo un rendimiento menor al esperado por 0.75%, por lo que, para compensar, el cohete tuvo que quemar combustible otros 2.45 segundos. Para el final de la segunda etapa, el cohete comenzó a vibrar con una frecuencia estimada en 12 hertz y 2.5 m/s, muy similar a lo experimentado por el Apolo 7. Como resultado, el Saturno V terminó colocando a la misión en una órbita de 181.5 km por 191.3 km, dando una vuelta cada 88 minutos y 10 segundos. La altura ideal debía de ser de 185 km de apogeo.

Durante las siguientes dos horas y treinta y ocho minutos la tripulación y Control de Misión trabajaron para verificar que la nave estuviera lista para la Inyección Translunar, es decir, para que la nave se impulsara con dirección a la Luna. En este punto la tripulación transformó la cápsula de su forma inicial de carga impulsada por cohetes, a una nave espacial por derecho propio. La tercera etapa del Saturno V debía estar en condiciones de hacerlo: recordemos que en el Apolo 6, el cohete no pudo reencenderse. Además, estaba el problema de las comunicaciones. Para poder trabajar de manera adecuada, la comunicación entre el Apolo y el Control de Misión debía efectuarse a través de una sola persona, el Capcom. Para el Apolo 8, se designaron tres capcoms en turnos de ocho horas y en rotación constante. El primer capcom era Michael Collins, y a las 2 horas, 27 minutos y 22 segundos desde el despegue, dijo: “Apollo 8. You are Go for TLI“. Oficialmente los astronautas tenían permiso para ir a la Luna. Por doce minutos la tripulación del Apolo 8 verificó que todo estuviera bien, y entonces se encendió de nueva cuenta el Saturno V. Funcionó perfectamente por 5 minutos y 17 segundos, llevando a los astronautas a una velocidad de 10,822 m/s) hasta una altura de 346.7 km. La velocidad más rápida registrada hasta ese momento por humano alguno. Una vez que el Saturno V cumplió su última labor, era tiempo de separarse de tan poderoso y útil artefacto. El Apolo 8 se separó de la tercera etapa en tiempo y forma, de manera que los astronautas pudieron fotografiarlo a la perfección cuando giraron la nave y volaron en formación con ella. Paralelamente, al rotar, la tripulación tuvo la más hermosa de las vistas: la Tierra entera vista desde el Espacio, vista por primera vez por ojos humanos.

En ese momento, Borman comenzó a preocuparse. El Saturno V permanecía aún muy cercano al Apolo 8, y sugirió a Control de Misión que se permitiera una maniobra de separación. Tras analizar los datos recabados (una tarea complicada, porque las computadoras en ese entonces eran muy primitivas, no había calculadoras de mano y algunas tareas había que hacerlas con regla de cálculo), Control de Misión sugirió inicialmente que se apuntara la nariz del Apolo 8 a Tierra y usando los cohetes del Sistema de Control de Reacción del Módulo de Servicio, se añadieran 0.9 m/s de propulsión, pero Borman no quería perder de vista al Saturno V. Tras mucha discusión se decidió apuntar en esa dirección, pero a 2.7 m/s. Por esta discusión, la tripulación llevaba un retraso de una hora con respecto al plan de vuelo original, tiempo que fue bien invertido por razones de seguridad.

Cinco horas después del lanzamiento, Control de Misión controló al Saturno V para que soltara su combustible restante, cambiando su trayectoria de manera que sobrevolara la Luna y entrara en órbita alrededor del Sol, de manera que no fuera un riesgo para la tripulación. Y allá está afuera, con una traslación de 340.80 días, una inclinación de la Elíptica de 23.47 grados, y a una distancia de entre 0.92 y 0.99 Unidades Astronómicas del Sol. No interrumpe nada, no se cruza con la órbita de nadie, y no tiene preocupaciones de ningún tipo, sólo viendo el paisaje. No es mala jubilación por haber trabajado poco maás de 25 minutos.

Un poco después de esta crucial parte de la misión, el Apolo 8 cruzó los Cinturones de Van Allen, que se extienden hasta a 25,000 km de la Tierra. En teoría, los astronautas recibirían un miligray de radiación al pasar a través del cinturón. Un miligray es apenas lo encesario para tomar una placa con rayos X del pecho de un humano común y corriente. Generalmente todos recibimos entre 2 y 4 miligrays al año sin problemas. Esto en teoría, recuérdese. En la práctica, nadie sabía lo que pasaría. Era la primera vez que los astronautas cruzarían el cinturón, después de todo. Así que a cada astronauta se le colocó un dosímetro personal de radiación para ser leído a su regreso a la Tierra. Asímismo, se colocaron otros tres dosímetros pasivos que mostraban el nivel de radiación experimentado por toda la tripulación. ¿El resultado? Ida y vuelta, 1.6 miligrays.

Era tiempo de guiar la nave. Ése era el trabajo de Jim Lovell, que como Piloto del Módulo de Comando era en realidad el navegante, si por alguna razón se perdía la comunicación con Control de Misión durante el viaje. Para esto, se habían designado algunas estrellas fijas que debían medirse con ayuda de un sextante construido en la nave, de manera que se podía medir el ángulo entre una estrella y el Horizonte entre la Tierra o la Luna. Hubo, sin embargo, un ligero problema. La expulsión de combustible del Saturno V ocasionó una nube de desechos alrededor de la nave espacial (que algunos ovnilocos han pretendido identificar como naves extraterretres que seguían al Apolo). Esta basura interplanetaria hizo bastante difícil identificar cuáles eran las verdaderas estrellas. Habian pasado ya siete horas desde el despegue, y el retraso entre la decisión de alejarse del Saturno V y la imposibilidad de encontrar las estrellas por parte de Jim Lovell ocasionó que el plan de vuelo terminara retrasado por casi una hora con cuarenta minutos. Y entonces el Apolo 8 entró en Control Termal Pasivo, más apropiadamente llamado Modo de Rosticería.

¿Qué es el Modo de Rosticería? ¿Qué pasó con los tripulantes del Apolo 8? ¿Existe Santa Claus?

¡Éstas preguntas serán respondidas en la continuación de esta emocionante historia, apropiadamente denominada “Córrele que te alcanzan”!



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